viernes, 2 de enero de 2009

Granitos De Arena

“Tira esa bolsa en el contenedor de los plásticos, que para eso me he molestado en clasificarla.” Me decía mi novia ayer. “¿Pero qué importa? Si sólo es una bolsa con unos cuantos envases, ya sabes que normalmente reciclo, por un día no pasa nada.” Le contesto con toda tranquilidad. “Ya, pero si todos recicláramos una simple bolsa de plásticos habríamos contribuido en gran medida al reciclado. Así ponemos nuestro granito de arena”. A lo que contesté con más calma todavía. “Que nosotros tiremos o no esta bolsa no va a influir en el comportamiento del resto del mundo. No hay causalidad entre reciclar esta bolsa y que el resto del mundo recicle también”. Conflicto. Lo que vino después fue una conversación acerca de por qué no creo en los granitos de arena. Mi concepción del granito de arena habría que matizarla bastante, que es lo que pretendo con este artículo. Me centraré en el asunto del reciclado, aunque es extrapolable a cualquier situación análoga.

Últimamente tengo bastante poca fe en que la sociedad se mueva masivamente por alguna causa cuyo fin no sea perceptible a corto o medio plazo. No creo que, espontáneamente, las familias de cualquier país (sobre todo, de este país) decidan por el bien de la Tierra que el esfuerzo de clasificar y reciclar basura compense de algún modo. Con lo fácil que es tirar todos los residuos al mismo cubo…

Tal y como funcionamos las personas (reincido, sobre todo las de este país), sin políticas de compensación o de castigo, no hay buena acción que valga. Para empezar a creer en los granitos de arena debería existir una institución u organismo suficientemente potente (el Estado, en este caso) que promoviera ciertas actitudes. Y cuando digo promover, me refiero sobre todo a compensar el reciclado de manera económica, que es como entendemos las cosas realmente, así como castigar el no reciclado, económicamente también, por la misma razón de antes. Mi hermana, que estuvo en Alemania recientemente, me comentaba que allí todos productos envasados (véase, latas, vidrios, etc.) tenían un sobre coste, el cual era devuelto al gentil cliente si llevaba el envase vacío al establecimiento. Aquí tenemos un claro ejemplo de cómo un estado habla con las personas en su mismo lenguaje: te compenso si haces las cosas bien y te castigo si no lo haces.

Por experiencia propia puedo decir que los sistemas que basan su funcionamiento en la buena voluntad de las personas están abocados al fracaso. El ejemplo que me ilustró ocurrió en la cafetería de mi facultad, en la Universidad de Málaga. Los dueños del negocio pensaron que ahorrarían trabajo y tiempo a sus camareros separando el servicio en barra del cobro en caja. Por tanto, cada vez que entrabas a la cafetería, una persona situada en la entrada te daba un papel con la fecha del día y con espacio suficiente para que el camarero apuntara posteriormente tu consumo. Es decir, ibas a la barra con tu papelito, pedías tu consumición y el camarero apuntaba en el mismo el precio de lo que habías pedido. Cuando salías de la cafetería, pasabas por la caja y pagabas lo que figuraba en el papel. Hasta ahí todo perfecto, el camarero se centraba sólo en servir al cliente y se ahorraba el tiempo de cobrar. Sin embargo, y aquí es donde falla el sistema, la picaresca española siempre encuentra su lugar. Muchos encontraron una manera de poder salir sin pagar simplemente haciéndole una copia al papel y sellándolo ellos mismos con la fecha del día, un procedimiento poco costoso (fotocopia + matasellos) comparado con los desayunos y almuerzos que se podían ahorrar. Es decir, teniendo dos papelitos podías pedir al camarero que te apuntara tu consumición en uno y, a la salida, entregar el otro papel, libre de carga. En algún momento, los dueños del establecimiento dieron buena cuenta de este fraude, ya que, poco tiempo después de que se instaurara este sistema de cobro a posteriori se produjo una modificación en el mismo. Si pedías una consumición de más de dos o tres euros, tenías que ir de inmediato a la caja a pagar y volver con un ticket de haber pagado, o no te entregaban tu consumición. Problema solucionado quitando la buena voluntad de en medio.

Volviendo a los granitos de arena y, más concretamente al reciclado, mientras no haya medidas claras que vengan de arriba, mientras el reciclado se base en la buena voluntad de las personas, clasificar y reciclar la basura servirá para una única cosa muy clara: limpiar la conciencia del que lo hace. Así que voy a ir dejando de escribir que todavía tengo mucha basura que reciclar.



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